La vida te da sorpresas…

Y vaya que a mi me ha estado sorprendiendo…

Y no puedo dejar de pensar que las cosas que he estado pidiendo, se me están dando. De repente no en la forma que yo esperaba, o son casi imperceptibles, pero aqui están.

Y pedazos del ayer han estado volviendo, poco a poco, un ayer que creía olvidado, pero que quizás ahora si (y lo deseo tanto!) sea el momento. Algo grande se está formando.

Y dicen por ahi que la tercera es la vencida. Será? 😀

Deseo

A veces me pongo a pensar en lo que significa esa palabra. Un deseo es algo que quisieras que pasara, algo que esperas tener, o recibir, algo que anhelas, algo que quieres para alguien más… y la palabra en si me encanta, d e s e o… suena bonito, suena cachondo, suena y se mira muy bien.

Pero nunca había pensado en esta palabra como ahora, cuando estoy contigo, porque has roto todas las expectativas, has derrumbado la idea que yo tenía de como puede uno desear a alguien, y la has derrumbado porque nunca imaginé que llegaría a desear con tal intensidad…

Desear escucharte, desear tu mirada, desear tus manos entrelazadas con las mías y recorriendo todo mi cuerpo, desear tus labios, esos labios que me enloquecen, desear mirarlos de cerca e ir besándolos poco a poco, jugando con ellos mientras los besos resbalan por tu cuello para llegar a tu pecho, tu pecho! cómo deseo tu pecho! El sentir su calor cerca de mi, y cómo tus pezones reaccionan al contacto con mi lengua, con mis dedos juguetones, al rozar mi pecho que acerco a ti lentamente.

Tu espalda fuerte, grande, hermosa, que termina en tus nalgas deliciosas, y tus piernas, esas piernas que se enredan en las mías y nos sostienen a ambos cuando la pasión y el deseo han hecho de las suyas, y me tomas de pie, y me levantas para llegar hasta la cama y entonces no detenernos hasta que juntos, logramos alcanzar el cielo por un instante, mirándonos a los ojos que dicen tanto. Y entonces, entonces lo que más deseo…

Es escucharte decir que me amas.

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Éste es el segundo post comunal con Mono y el Arbolito, que ya publicarán sus historias también.

Placer… por Caro Azul

El calor de la ciudad hace que despierte en la noche bañada en sudor, me sofoca. Me muevo agitada en la cama, termino quitándome el ligero camisón que se pega a mi espalda y me quedo así, desnuda, como cuando duermo junto a ti y el más mínimo movimiento tuyo me hace estremecer al sentir también tu cuerpo desnudo al lado, moviéndose lento al ritmo de tu respiración, me quedo contemplándote con la tenue luz que entra por la ventana y te comienzo a acariciar lentamente, suave, tu te mueves aún sin saber lo que pasa, y con ese ligero contacto de mis dedos sobre tu pecho, toda yo me enciendo de deseo y ganas de tenerte en mi.

Te sigo acariciando, acerco mis labios a tu vientre y juego con mi lengua en tu ombligo, tu a éstas alturas ya sientes mi calor, y aún medio inconsciente tu cuerpo comienza a reaccionar, yo lo siento, tu piel se eriza y mis labios siguen descendiendo hasta llegar a tu sexo y sentirlo listo para la batalla, gimes al sentir mi lengua en él y te retuerces de .placer, mis manos te acarician cada vez con más fuerza, siento las tuyas en mi piel, se aferran a mi cuerpo y de repente me jalan para darme un largo y delicioso beso mientras mis piernas ya están sobre ti, comienzas a penetrarme y todo desaparece para sólo sentirte en mi, y los olores y los sabores, y tu cuerpo y el mío se van mezclando con movimientos que me llevan al más exquisito momento de placer, tus ojos en los míos me dicen sin palabras que me amas y tu cuerpo me lo demuestra también cada vez que hacemos el amor, y cada vez es mejor, y me vuelves loca cuando al final, cierras tus ojos para dejarte llevar por esa oleada que te estremece con fuerza y te hace detenerte con los espasmos del delicioso orgasmo en tu cuerpo, que yo disfruto tanto. Y después, así, quedamos los dos tendidos con el corazón a mil y las manos entrelazadas, y el cuerpo temblando, desnudo, desnudo como hoy, que sueño con volver a estar junto a ti.

Mi cuerpo no es el mismo sin ti

Solo un minuto

Una pequeña historia…

El viaja todos los días en el metro, recuerda que cuando llegó a la ciudad viajaba siempre con una sonrisa y observando a todos -conociendo- y le extrañaba el darse cuenta de que todos los demás viajaban dormidos, con caras largas, aburridos, tristes… ahora al recordar aquello se dió cuenta de que se ha convertido en uno de ellos, las cosas cambian siempre.

En una ocasión su mirada se encontró con la de una chica, una que no se veía como las demás, una que le sonrió desde el andén al pasar a su lado, y que extrañamente reconoció al subir al vagón, el mismo vagón. Se observaron durante el viaje, se sonrieron de nuevo, pero ninguno de los dos se atrevió a acercarse… llegó la estación donde habia que transbordar y ambos se dieron cuenta de que también en eso habían coincidido.

El caminó delante, mientras ella lo hizo un poco más lento que él. Los caminos seguían siendo los mismos, aunque, si tan solo ella hubiera caminado un poco más rápido… al llegar al andén él subió al vagón y, en el momento en el que las puertas se cerraban ella aparecía en el mismo lugar, sus miradas se siguieron hasta que se perdieron de vista. Tan solo un minuto de diferencia… pensó en que tal vez la esto podría repetirse, y no dejaría pasar la oportunidad de acercarse a ella. Bajó en la estación a la que tenía que llegar, y esperó el siguiente tren, a esperar que ella bajara también ahi. Llegó, y la vió, pero se quedó dentro, y se fué…

Se sintió triste pues quizás era alguien especial, hacía mucho que una extraña no llamaba su atención de esa manera, pero por nervios, por dudas, por miedo, y por tan solo un minuto de diferencia los caminos siguieron su rumbo, cada uno por su lado y seguramente nunca volverían a coincidir.