De la Universidad

Siempre fuí ratoncito de biblioteca.

Primaria, secundaria, prepa, mejores promedios, excelentes calificaciones, lo menos que había sacado era un 7 en álgebra o algo así, nunca me entraron los números aunque mi profesor de matemáticas en la prepa era poca madre, el buen Leo Rivera, y además yo era la “consen”, jaja, todavía recuerdo su cara cuando le decía a mi hermano: “Juan Carlos, tu hermana es la consen… tu noooooo” y movía su dedito de un lado a otro. Cerebro, le decía Boris… “¿¿pero cómo le hiciste Cerebro??” desde el fondo del salón donde se sentaba el “dream team” Boris, Alán, Porto, Paco y el Osito… jajaja!! que buenos tiempos aquellos…

Después entre a la universidad en Toluca y era una completa antisocial. Cuando había que hacer trabajos en equipo siempre pedía que me los dejaran hacer sola aunque fuera mas trabajo, a veces me dejaban, a veces no y entonces de todas formas pedía hacer casi todo yo mientras los demás se hacían tontos y acababa regalándoles la calificación. En parte porque no me gustaba que las cosas no se hicieran como yo quería y en parte porque tenía un novio excesivamente celoso, que aunque vivía en Joco me tenía checadísima… por eso casi no tenía amigos, de la escuela al centro por material, de ahi a la casa y hasta ahí. No recuerdo en qué momento decidí mandar a volar a este guey pero creo que la gota que derramó el vaso de mi paciencia fué cuando fué a hacerme un numerito a la facultad porque uno de mis pocos amigos me había regalado un cuadro poca madre de un caballo por mi cumpleaños…

Zafándome de esto comencé a relacionarme un poquito más con mis compañeros, aunque seguía siendo huraña y solitaria. Plata se convirtió en uno de mis mejores amigos, él y Adrián. Y ya después Karla, Liliana, Yenny, Badillo, José… en fin, todo era un poquito más normal… hasta que conocí a Ernesto, Daniela, Pedro, Alonso y todos ellos en el festival Quimera hace unos 5 años.. entonces fue el degenere total, me destrampé, me fuí a extraordinarios, no llegaba a casa, me la pasaba en la pachanga… pero esa es otra historia, jaja.

Todo este choro mareador era sólo para recomendar el trabajo de uno de mis compañeros de la Universidad (es increíble como voy hilando historias y podría pasar horas escribiendo sobre la escuela y todo lo que pasó en esa época).

Carlos Badillo. Un muy buen amigo y compañero, que siempre se destacó en la escuela en especial por sus ilustraciones, hace un rato recibí un correo con el link a su portafolios, y vale la pena echarle un ojito. Es un buenazo! Y que gusto saberlo contento, con Yenny y sus bebés, y con tantos premios y reconocimientos. Esos son mis cuates! jejeje

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